Las empresas familiares andaluzas se suman al movimiento #DamosLaCara

Curtidas en mil crisis, la visión a largo plazo, la vocación de perdurar y el arraigo son sus armas frente al coronavirus

E. Freire | ABC Sevilla - Más de 1.400 empresas famliares se han sumado al movimiento #DamosLaCara, impulsado por compañías y trabajadores de toda España para demostrar su compromiso en la superación de la crisis sanitaria y económica.

El Instituto de Empresa Familiar (IEF) y sus 18 Asociaciones Territoriales se ha unido a esta iniciativa impulsada por un sector empresarial que representa casi el 90% del tejido productivo y el 67% del empleo privado en España, y que es uno de los pilares más sólidos de la economía andaluza.

Destacadas empresas familiares de la región también están «dando la cara» para colaborar en el relanzamiento de la actividad económica y la recuperación del empleo de sus territorios. En la muestra que incluimos en esta información hay firmas centenarias hasta la sexta generación, nacidas en el siglo XIX, y otras más recientes de toda Andalucía, que cubren sectores variopintos a los que la pandemia ha castigado con diferente intensidad. Desde industrias de alimentación y bebidas, como Acesur, Barbadillo o Jamones Tartessos; a multinacionales del diseño y la decoración arquitectónica como Cosentino; aseguradoras como EGP Salinas; consignatarias de buques y operadores portuarios como Total Logistic Services; un fabricante de geomembranas plásticas como la granadina Atarfil o la constructora y gestora de tanatorios y cementerios de Jaén JJ Inversiones.

Algunas han resistido depresiones causadas por guerras mundiales y hasta epidemias de cólera, y todas superaron la reciente recesión financiera de 2008. Coinciden en que el crac causado por la pandemia es «distinto» y «especialmente duro» por su intensidad repentina, que casi nadie previó, y su impacto aún desconocido en toda su dimensión.

Los empresarios y directivos consultados tienen claro cuáles son los «genes» o el «ADN» que permiten a las compañías familiares generar más resiliencia -palabra muy repetida por todos ellos- o capacidad de adaptación a situaciones adversas: visión a largo plazo sin mirar la rentabilidad mes a mes; vocación de perdurar, el arraigo y el compromiso de la propiedad con los territorios donde se asientan o la cercanía con los empleados, que «aporta humanización y hace que las plantillas vayan a una con la empresa».

Cada una de ellas, en función del sector en el que opera, ha tomado medidas para afrontar la coyuntura y pertrecharse para años complicados, hasta que se normalice la actividad. En algún caso se ha recurrido a los ERTE con reducción de jornada para ajustar la plantilla a las necesidades operativas y en la mayoría se ha mantenido todo el empleo e incluso reforzado para atender picos de demanda y acelerar la digitalización, como en la aseguradora cordobesa EGP Salinas: o incluso se ha reconocido el esfuerzo de los trabajadores de producción, que han acudido a fábrica durante el confinamiento, con primas salariales, como es el caso de la aceitera sevillana Acesur.

Después de las medidas de protección de la salud de sus trabajadores, siguiendo todas las recomendaciones y normativas recomendadas por las autoridades sanitarias, fomentar el teletrabajo en la medida de lo posible, asegurar la liquidez y aplicar la prudencia a la hora de realizar inversiones son las primeras decisiones que han tomado las empresas familiares andaluzas tras la llegada de la crisis del coronavirus.

Desde el punto de vista financiero, algunas compañías han utilizado las medidas implantadas para mitigar el efecto económico, como el aplazamiento de impuestos y los préstamos ICO o han recurrido a las líneas de avales impulsadas en Andalucía por la sociedad de garantía recíproca Garàntia y la Junta.

Como mensajes a las administraciones, la llamada al consenso con los sectores para pactar medidas de choque y una petición expresa de las firmas agroalimentarias, que reclaman que un pacto con todos los implicados en la cadena. También una advertencia en la voz de Álvaro Guillén (Acesur): «La gran crispación política complica la salida de la crisis económica».

Francisco Martínez Cosentino (Grupo Cosentino): «Nuestra cadena de valor ha sufrido más»

Cosentino ha vivido distintas crisis a lo largo de sus 40 años de andadura, pero la del Covid-19 «es distinta y más profunda por su extensión, la coincidencia en el tiempo en todos los mercados y lo limitado de la posibles respuestas». Esta es la reflexión del presidente de la multinacional almeriense de superficies para la arquitectura y el diseño, que facturó en 2019 más de 1.100 millones de euros y emplea a 4.850 personas en todo el mundo, de los cuales 2.600 están en España (2.200 en la sede central del grupo en Cantoria). «La pandemia nos ha afectado directamente como empresa industrial pero más a nuestra cadena de valor: los clientes marmolistas han cerrado de forma masiva igual que las tiendas de cocinas y baños», señala Francico Martínez Cosentino.

Manuel Barbadillo (Bodegas Barbadillo): «El ecommerce ha sido crucial para la bodega»

A punto de convertirse en bicentenaria (fue fundada en Sanlúcar de Barrameda en 1821), Barbadillo es una de las empresas familiares más antiguas de España, ya con la sexta generación al mando. Su vasta experiencia le ha dado mimbres para adaptarse a los cambios que ha traído el Covid-19. «El impulso del negocio ecommerce ha sido fundamental para Bodegas Barbadillo, que ha visto comprometido el 40% de sus ventas debido al cierre del canal de hostelería», señala el presidente de la firma gaditana. Con 212 empleados trabajando en el grupo (incluidas Bodegas Pirineos en Huesca y Viñedos Real en Valladolid), alcanza una cifra de negocio de 33,5 millones de euros en sus mercados de España. Estados Unidos y el Benelux.

Álvaro Guillén (Acesur): «Necesitamos un pacto en la cadena alimentaria»

Acesur, arraigada en Sevilla desde 1840, forma parte del escogido grupo de empresas familiares centenarias de Andalucía. Fabricante de marcas de aceite de oliva como la Española, Coosur y Guillén, opera en 110 países y facturó 602,5 millones de euros en 2019. Con 540 empleados, durante el estado de alarma tuvo que dejar en segundo plano su proyecto de enoturismo o su actividad para el canal Horeca, y planificar sus procesos para satisfacer la creciente demanda de la distribución comercial, un esfuerzo que reconoció a sus trabajadores de producción con una prima salarial del 10%. «Nos preocupa ahora que no se pacte con el sector privado la nueva Ley de Cadena Alimentaria», señala Álvaro Guillén, presidente, a su vez, de Landaluz.

José Luis Mtnez. Lázaro (Total Logistic Services): «Sufrimos la caída del tráfico en el Estrecho»

Esta compañía logística de cuarta generación, especializada en operaciones portuarias, ha sufrido el fuerte descenso del tráfico relacionado con el sector del automóvil y los productos del canal Horeca a través del estrecho de Gibraltar. Su matriz, Carmelo Martínez Rodríguez SL, supera el siglo de vida. Fue fundada en 1915 en Melilla por el bisabuelo de en y dio el salto a la Península en 1997. «Hemos sufrido las consecuencias de dos guerras mundiales, de la Civil, la independencia del Marruecos español y una epidemia de cólera en la zona colindante en los 70», subraya el también presidente de la Asociación Andaluza de la Empresa Familiar (AAEF). La firma tiene bases en Algeciras, Málaga, Puerto Real y Sevilla y factura más de 15 millones de euros.

Antonio José Castaño (Jamones Tartessos): «El ibérico está acostumbrado a las crisis»

Esta empresa familiar de Cumbres Mayores está arraigada en la Sierra de Huelva desde 1890, cuando el bisabuelo de AntonioJosé Castaño empezó con la cría del cerdo ibérico en la dehesa. Antes de la pandemia, Jamones Tartessos producía entre 80.000 y 100.000 jamones y paletas y facturaba entre 16 y 18 millones de euros. La crisis del Covid-19 reducirá casi a la mitad estas cifras en la campaña actual. «Nuestro sector es cíclico, estamos acostumbrados a las crisis, peso esta situación, en la que el mercado se cerró de la noche a la mañana, no se ha conocido nunca», señala el empresario. Muy enfocada a la hostelería de gama media y alta, la marca de ibéricos está apostando ahora por ampliar su cuota en tiendas detallistas especializadas.

Emilio Carreras (Atarfil): «Nos hemos adelantado al virus»

Atarfil nació en 1995, pero surgió en el seno de una familia dedicada a la industria de la impermeabilización desde el año 1964. Esta empresa granadina, con sede en Atarfe, fabrica geomembranas plásticas que se destinan, entre otra cosas, a la protección del medioambiente mediante la contención segura tanto de residuos como de agua. «La continuidad en la gestión de estas actividades es básica y en el caso concreto de la pandemia cobran especial relevancia los residuos urbanos, que se han seguido produciendo», señala el director gerente. Con plantas en Granada, Dubai y Virginia, factura 65 millones y tiene 180 empleados de 16 nacionalidades. «Tenemos clientes en todo el mundo y en muchas zonas nos hemos adelantado a la llegada del virus».

David Salinas (EPG Salinas): «El seguro sufrirá más en dos años»

La correduría de seguros cordobesa de la familia Salinas cumplió 40 años en 2019. Especializada en empresas y muy centrada en el sector agrario, gestiona un volumen de primas cercano a los 12 millones de euros y factura en torno a 2 millones. «El sector del seguro es anticíclico, va más lento que la economía como pudimos comprobar en la recesión de 2008. La crisis golpeará este año, pero el impacto será más fuerte en los venideros», avanza su consejero delegado. Con esta previsión, ya en el mes de marzo, EPG Salinas trazó un plan de acuerdo con su plantilla «para salir airosos de estos años complicados». No ha aplicado ERTE a sus 30 trabajadores e incluso ha sumado dos nuevos contratos de informáticos para acelerar la digitalización.

Jerónimo Jiménez (JJ Inversiones): «Somos de los sectores menos afectados»

El grupo jiennense JJ Inversiones tiene varias ramas de negocio: es empresa constructora, gestora de cementerios y tanatorios, funeraria y también se dedica al cultivo del olivar. Su mercado ha cambiado en función de la evolución de la pandemia. La construcción y los servicios de velatorio se paralizaron en un momento dado y la actividad se fue normalizando progresivamente. La firma andaluza ha gestionado un importante volumen de inicineraciones durante la crisis, colaborando con las zonas más castigadas como Madrid. La compañía, que factura 3 millones de euros y emplea a 30 trabajadores, ha impantado un novedoso sistema de duelo a distancia para que los usuarios del tanatorio pueden intercambiar condolencias de forma telemática.

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